13 de junio de 2009
Siempre he pensado que la edad es un estado circunstancial del cerebro. Es la excusa perfecta para hacer cricales y salir impunes de cuanta pocavergüenza nos da por inventarnos.En mi caso, tengo que admitir que (todavía a mis 30) uso la juventud como coartada. Cada vez que me da por apestillarme con un extraño en algún bar cerca de usted, o por besarme con el amigo del amigo con el cual se suponía que estaba saliendo, y eso…
Ah, porque no hay nada mejor que saber que los
amigos de tus amigos, son también tus amigos. Y si están buenos, mejor.
Una vez alguien me dijo que no entendía cómo hacía yo para que todos
mis amigos varones estuvieran buenísimos.
Claro que la explicación más lógica que mi juventud me permitió encontrar en aquel momento, fue: “Mami me enseñó que es importante tener siempre un plan de contingencia”.
Y nada como un buen plan B (o uno no tan bueno, que se joda). Recuerdo con cariño, por ejemplo, cómo una amiga muy cercana se refería a su booty call favorito, como “My Favorite Dick”. ¡Genial!
Era un joven que conoció en Monty’s, un bar playero. Cuyo parecido con Robert Redford en tiempos de The Way We Were impidió que saliera ilesa de aquel inofensivo happy hour, por supuesto.
Según cuenta mi amiga, no sólo tuvo que darle su teléfono inmediatamente, sino que también comenzaron a flirtear descaradamente. Él le decía: “Wow, what a cleavage you have, girl”. Ella, ni corta ni perezosa, le tocaba su fornido pecho y el decía: “Man, you’re fit!”.
Es increíble cómo cuando hay una atracción sexual fuerte, es casi inevitable que todo termine en cama. O en sofá, o en piso de la cocina, o en pasillo, o en balcón. Da igual. El punto es que cuando se juntan el hambre con la necesidad, la chaveta se va de vacaciones y el pudor entra en huelga de brazos caídos.
Mike, se llamaba el ser humano este fortachón y sexy. Y eso fue todo lo que mi amiga llegó a saber de él. Ah, y que un año más tarde, tuvo una novia con la cual se mudó. Claro que mi amiga se enteró cuando, una de esas noches de destrucción total en las calles Miamenses, mandó el text codificado, típico de las 4:46 am: “Hey!”. Al cual Mike respondió con un: “I have a girlfriend. So, no more craziness with my amanta. Sorry :(“.
La posibilidad de que Mike fuera un hombre fiel a una sola mujer jamás se había cruzado por la cabeza de mi amiga. Claro que fue la juventud, que es tan atrevida, lo que dio fuerzas para responderle con un: “I hope she does it as good as I used to. Be very happy, amanto”. Me parecía tan cool que ellos se llamaran ‘amanta’ y ‘amanto’, mutuamente. ¡Qué romántico, joder!
Quizás por eso nunca hubo drama entre ellos. Lo cual era muy admirable para mí. Es más, quizás es la relación más saludable que ambos hayan tenido. Follaban cuando les apetecía. No tenían drama en decirse cuáles eran sus más íntimos deseos. Pasaban la noche y la mañana siguiente juntos. Y nunca supieron el apellido del otro (lo cual imposibilitaba bastante mis labores detectivescas, debo aclarar).
Pero todo se daba de manera natural. ¿Qué no es eso lo que todas añoramos? Claro, esto hasta que a otra gran amiga (insensata y joven también) del grupo le dio por contarle a Mike cómo le decía mi amiga de cariño.
La muy hija de puta se cruzó con él en un bar, cuando apenas podía sostenerse en pie y le dijo: Hola, Mike. So good to see you… Wait until I tell my friend that I saw her “Favorite Dick” tonight. She’ll be very happy. Ok, bye. Take care, Mike”.
¡La queríamos matar! O sea, una cosa es que nos refiriéramos al hombre así entre nos y otra MUY DISTINTA es que le deje saber al miembro en cuestión que posee el pene preferido de mi amiga. O sea, de TODOS los que ella había tenido. ¡Joder!
Menos mal que Mike no era hombre de juzgar. Bueno, tampoco es que tuviera gran moral para hacerlo. Pero pues, si de algo sirvió el comentario insensato de mi otra amiga, pues tengo que decir que la ‘amanta’ se benefició bastante. En el próximo encuentro, Mike se esmeró aún más. Claro, ¿quién quiere que le arrebaten el título de ‘Favorite Dick’?
En fin, que cuando uno es joven y todo le resbala, la cosa es mucho más divertida. De esto no cabe duda. Lo malo viene cuando uno crece y se da cuenta de que ya el sexo no es suficiente. Que no lo es todo. Y yo me pregunto: ¿es estrictamente necesario crecer, puñeta?
Este par de ‘amantos’ estaban en sus 20’s. Gozaron dos años de promiscuidad sin consecuencias mayores. Por lo cual, seguramente estarán eternamente agradecidos al señor Monty’s. Y en parte, a la amiga indiscreta que develó el gran secreto del ‘Favorite Dick’, representando esto un incremento en el libido de ambos.
Pero esta historia siempre me ha dejado pensando un poco. Demás está decirles, que el romance terminó cuando uno de los dos se mudó de ciudad. Aunque mi amiga siempre lo recuerda con cariño (y con bastante bellaquera), de esa experiencia todas hemos aprendido un poco.
Follar es un gran invento del ser humano. UN GRAN INVENTO. Pero no lo es todo. Y aunque me cueste decirlo, un buen polvo puede incluso ser tu peor enemigo. Porque las mujeres nos enamoramos de las pollas. De eso no me cabe duda.
Si lo hacen bien, inmediatamente le añadimos unas cuantas pulgadas al bajito, le quitamos libras al gordito y le ponemos pelo al más calvo. ¡Hostia, que nos cegamos!
Seamos jóvenes (o no tan jóvenes), siempre terminamos apegadas a un miembro. Y quienes duden de esto, simplemente miren a su alrededor. Díganme cuántas de sus amigas son verdadera y visiblemente felices. Luego, vayan donde ellas e indaguen hasta donde puedan, cómo están sus vidas sexuales.
Les apuesto que están bien folladas. Especialmente, las que requieren a diario. Y yo siento fascinación por la conexión que existe entre una buena polla y una buena sonrisa.
En esa misma onda de pensamiento llegamos todas a la siguiente conclusión: Si las mujeres nos enamoramos (Y NOS CEGAMOS) con un miembro, y los hombres se esmeran más al saber que les llamamos “My Favorite Dick”, entonces, ¿por qué follar bien (a diario, si posible) no está entre los votos matrimoniales? O sea, al final, por fin, mujeres y hombres queremos lo mismo.
Creo que ésta sería la solución a la desmesurada ola de divorcios en el mundo. Las cosas quedarían clarísimas desde el principio. Porque quien no pueda cumplir con el voto de fornicación, entonces deberá atenerse a las consecuencias. O sea, la anulación del matrimonio, por ejemplo.
Lección aprendida. De ahí en adelante, mis amigas y yo hemos estado clarísimas en que ser jóvenes e insensatas (todavía) es un gran lujo que nos damos. Y tiene maravillosas consecuencias.
Como por ejemplo, encontrar a tu “favorite Dick” en un bar cerca de usté. Porque miren que la juventud no sólo es insensata, también puede ser bastante puta…
Diva Silente ©
Claro que la explicación más lógica que mi juventud me permitió encontrar en aquel momento, fue: “Mami me enseñó que es importante tener siempre un plan de contingencia”.
Y nada como un buen plan B (o uno no tan bueno, que se joda). Recuerdo con cariño, por ejemplo, cómo una amiga muy cercana se refería a su booty call favorito, como “My Favorite Dick”. ¡Genial!
Era un joven que conoció en Monty’s, un bar playero. Cuyo parecido con Robert Redford en tiempos de The Way We Were impidió que saliera ilesa de aquel inofensivo happy hour, por supuesto.
Según cuenta mi amiga, no sólo tuvo que darle su teléfono inmediatamente, sino que también comenzaron a flirtear descaradamente. Él le decía: “Wow, what a cleavage you have, girl”. Ella, ni corta ni perezosa, le tocaba su fornido pecho y el decía: “Man, you’re fit!”.
Es increíble cómo cuando hay una atracción sexual fuerte, es casi inevitable que todo termine en cama. O en sofá, o en piso de la cocina, o en pasillo, o en balcón. Da igual. El punto es que cuando se juntan el hambre con la necesidad, la chaveta se va de vacaciones y el pudor entra en huelga de brazos caídos.
Mike, se llamaba el ser humano este fortachón y sexy. Y eso fue todo lo que mi amiga llegó a saber de él. Ah, y que un año más tarde, tuvo una novia con la cual se mudó. Claro que mi amiga se enteró cuando, una de esas noches de destrucción total en las calles Miamenses, mandó el text codificado, típico de las 4:46 am: “Hey!”. Al cual Mike respondió con un: “I have a girlfriend. So, no more craziness with my amanta. Sorry :(“.
La posibilidad de que Mike fuera un hombre fiel a una sola mujer jamás se había cruzado por la cabeza de mi amiga. Claro que fue la juventud, que es tan atrevida, lo que dio fuerzas para responderle con un: “I hope she does it as good as I used to. Be very happy, amanto”. Me parecía tan cool que ellos se llamaran ‘amanta’ y ‘amanto’, mutuamente. ¡Qué romántico, joder!
Quizás por eso nunca hubo drama entre ellos. Lo cual era muy admirable para mí. Es más, quizás es la relación más saludable que ambos hayan tenido. Follaban cuando les apetecía. No tenían drama en decirse cuáles eran sus más íntimos deseos. Pasaban la noche y la mañana siguiente juntos. Y nunca supieron el apellido del otro (lo cual imposibilitaba bastante mis labores detectivescas, debo aclarar).
Pero todo se daba de manera natural. ¿Qué no es eso lo que todas añoramos? Claro, esto hasta que a otra gran amiga (insensata y joven también) del grupo le dio por contarle a Mike cómo le decía mi amiga de cariño.
La muy hija de puta se cruzó con él en un bar, cuando apenas podía sostenerse en pie y le dijo: Hola, Mike. So good to see you… Wait until I tell my friend that I saw her “Favorite Dick” tonight. She’ll be very happy. Ok, bye. Take care, Mike”.
¡La queríamos matar! O sea, una cosa es que nos refiriéramos al hombre así entre nos y otra MUY DISTINTA es que le deje saber al miembro en cuestión que posee el pene preferido de mi amiga. O sea, de TODOS los que ella había tenido. ¡Joder!
Menos mal que Mike no era hombre de juzgar. Bueno, tampoco es que tuviera gran moral para hacerlo. Pero pues, si de algo sirvió el comentario insensato de mi otra amiga, pues tengo que decir que la ‘amanta’ se benefició bastante. En el próximo encuentro, Mike se esmeró aún más. Claro, ¿quién quiere que le arrebaten el título de ‘Favorite Dick’?
En fin, que cuando uno es joven y todo le resbala, la cosa es mucho más divertida. De esto no cabe duda. Lo malo viene cuando uno crece y se da cuenta de que ya el sexo no es suficiente. Que no lo es todo. Y yo me pregunto: ¿es estrictamente necesario crecer, puñeta?
Este par de ‘amantos’ estaban en sus 20’s. Gozaron dos años de promiscuidad sin consecuencias mayores. Por lo cual, seguramente estarán eternamente agradecidos al señor Monty’s. Y en parte, a la amiga indiscreta que develó el gran secreto del ‘Favorite Dick’, representando esto un incremento en el libido de ambos.
Pero esta historia siempre me ha dejado pensando un poco. Demás está decirles, que el romance terminó cuando uno de los dos se mudó de ciudad. Aunque mi amiga siempre lo recuerda con cariño (y con bastante bellaquera), de esa experiencia todas hemos aprendido un poco.
Follar es un gran invento del ser humano. UN GRAN INVENTO. Pero no lo es todo. Y aunque me cueste decirlo, un buen polvo puede incluso ser tu peor enemigo. Porque las mujeres nos enamoramos de las pollas. De eso no me cabe duda.
Si lo hacen bien, inmediatamente le añadimos unas cuantas pulgadas al bajito, le quitamos libras al gordito y le ponemos pelo al más calvo. ¡Hostia, que nos cegamos!
Seamos jóvenes (o no tan jóvenes), siempre terminamos apegadas a un miembro. Y quienes duden de esto, simplemente miren a su alrededor. Díganme cuántas de sus amigas son verdadera y visiblemente felices. Luego, vayan donde ellas e indaguen hasta donde puedan, cómo están sus vidas sexuales.
Les apuesto que están bien folladas. Especialmente, las que requieren a diario. Y yo siento fascinación por la conexión que existe entre una buena polla y una buena sonrisa.
En esa misma onda de pensamiento llegamos todas a la siguiente conclusión: Si las mujeres nos enamoramos (Y NOS CEGAMOS) con un miembro, y los hombres se esmeran más al saber que les llamamos “My Favorite Dick”, entonces, ¿por qué follar bien (a diario, si posible) no está entre los votos matrimoniales? O sea, al final, por fin, mujeres y hombres queremos lo mismo.
Creo que ésta sería la solución a la desmesurada ola de divorcios en el mundo. Las cosas quedarían clarísimas desde el principio. Porque quien no pueda cumplir con el voto de fornicación, entonces deberá atenerse a las consecuencias. O sea, la anulación del matrimonio, por ejemplo.
Lección aprendida. De ahí en adelante, mis amigas y yo hemos estado clarísimas en que ser jóvenes e insensatas (todavía) es un gran lujo que nos damos. Y tiene maravillosas consecuencias.
Como por ejemplo, encontrar a tu “favorite Dick” en un bar cerca de usté. Porque miren que la juventud no sólo es insensata, también puede ser bastante puta…
Diva Silente ©