19 de agosto de 2009
¡Y todas también! Vaya lección que me ha tocado aprender a mí en estos días. Resulta que estar equivocada no siempre es tan cool, pero comprender (y aceptar con humildad) en qué fallaste, sí que lo es.
Como que uno madura algo con estos quilombos del corazón, joder. Les cuento que a varias semanas de que volvieran y revolvieran a mi vida, me ha pasado algo insólito: cometí un error.
¡Y todas también! Vaya lección que me ha tocado aprender a mí en estos días. Resulta que estar equivocada no siempre es tan cool, pero comprender (y aceptar con humildad) en qué fallaste, sí que lo es.
Como que uno madura algo con estos quilombos del corazón, joder. Les cuento que a varias semanas de que volvieran y revolvieran a mi vida, me ha pasado algo insólito: cometí un error.
Y digo que es algo insólito porque mi gran ego no siempre me deja ver claramente. En mi defensa, puedo decir que al menos mi amigo el universo tiene más paciencia que Carmen Sotomayor (la jamona de Cayey). Porque me manda muchas señales, una y otra vez, hasta que caigo en cuenta de mi error.
“Errar es humano”, dicen. Y echarle la culpa a otro es simplemente divertido, digo. Por eso, hoy, con este cuento, me reivindico. Pido disculpas públicamente por tanta impaciencia. Por no dejar hablar a la gente cuando mi corazón y mi ego están heridos. Porque es más fácil decir: “Es un gran cabrón que me rompió el corazón”, que decir: “Nunca se enamoró de mí”.
Pido perdón por no comprender “la diferencia entre tener paciencia para nada y perder el tiempo”, como dice Neruda. Ahora sí que no entienden nada, lo sé. Bueno, les cuento en detalle qué fue lo que me hizo rectificar y darme cuenta de que a veces (sólo a veces) vale la pena escuchar lo que ese que vuelve, tiene que decir.
Pasa que las mujeres siempre pensamos que el amor se debe dar de la misma manera en que esperamos recibirlo. Qué listas somos, ¿ah? Pues resulta que no es así. Hace poco, hojeaba un librito que me recomendaron, y decía que para poder tener una relación saludable y armoniosa, debemos partir de la premisa de que cada persona quiere ser amada de manera muy distinta.
Lo cual me remonta a un gran episodio de insensatez, en plena juventud. Sucedió a los seis meses de haber dejado a otro de mis novios, vestido y alborotado, y sin razón, ni acuse de recibo. Y por supuesto que el día que me enteré que estaba saliendo con otra, casi me vuelvo loca. ¡Qué cojones! Si yo ya andaba cual soltera por las calles…
No importaba nada. Mi sentido de pertenencia pudo más que la razón y ¡zás! Que me trepé una madrugada por la verja de seis pies (porque en mi arrebato de libertad le había devuelto llaves y beeper del portón), salté como las locas para caer en la grama, donde me aguardaba el cabrón Pitbull que siempre me odió a muerte. Corrí como puta, hasta la ventana de su cuarto y le supliqué que me abriera la puerta. Lo abracé. Él ni preguntó qué hacía allí. Me recibió. Y volvimos.
Fue lindo. Porque no sólo vencí mi pánico a los perros, sino que me enfrenté a mis errores. Acepté que me había largado de la casa sin dejarlo hablar, rompiéndole el corazón sin piedad. O sea, más me valía que hiciera algo sobrehumano para que me creyera arrepentida. ¡Porque sí que lo estaba!
Porque nada jode más que te dejen y te abran heridas que ya jurabas que estaban cerradas para siempre. Y he aquí la gran lección:
Ayer, mientras trabajaba cual hormiga, recibí un email que cambió mi manera de pensar radicalmente. Resulta que como llevaba días soñando con “El Difunto” e incluso un día me eché a llorar de la nada en plena Octava avenida cuando me vino a la mente su imagen, decidí mandarle yo un email de cortesía (y mucho presentamiento, claro). Por supuesto que esta creatividad que Dios me dio me ayudó a escribir un mensajito sutilmente entrometido.
Porque la manipulación es un talento femenino… Así quedó la cosa:
From: Diva Silente <diva@memuerodelacuriosidad.com>
Date: Tue, 19 Aug 2009 06:19:22-0400
To: El Difunto <soystalker@infelices.com>
Subject: Hey!
Hola:
Te cuento. Me estoy mudando y me he topado con lo que se suponía que sería tu regalo de cumpleaños (el cual por razones obvias nunca envié). La primera vez que lo vi, pensé: “Coño, tan cool que estaba...” La segunda, me dije: “¡Bueno, pero cuán torpe puedo ser pa’ chocarme por segunda vez con esto, joder!”. La tercera (hoy), vociferé ostinada: “O sea, ¿será que toca saber cómo está el chico?
Pos eso. Nunca me ha gustado ir en contra de mis deseos. Y como el dichoso regalito no regalado me dio curiosidad, acá paso a saludarte, esperando que estés muy bien.
Cuídate mucho, ¿sí?
Menos mal que contestó raudo y veloz (¡pero sin acentos!) con un:
From: El Difunto <yanosoytanstalker@infelices.com>
Date: Tue, 19 Aug 2009 20:43:16-0500
To: Diva Silente <diva@soytremendacabrona.com>
Subject: Re: Hey!
hey que tal! bueno pero que era al final el regalo?
yo estoy bien... dentro de lo que cabe. me he pasado el ultimo mes y medio ayudando a cuidar a mi mama porque le volvio a dar un derrame cerebral y ha estado muy malita. todavia no se ha recuperado del todo pero esta en ello.. ahora estoy de nuevo con el toston de mi trabajo.
y tu que tal? me alegro de que saludes. un beso. cuidate.
Creo que no me había sentido tan culpable desde el día en que le dije a mi mamá que me estaba quedando en casa de Mari y no de Yari, que era su culpa haberse desvelado por no prestarme atención cuando le hablo. La pobre llevaba toda la noche buscándome y yo, en casa de mi noviecito lindo.
En fin, que este mensaje me hizo pensar tanto y tanto, que hoy me tuve que sentar a escribir nomás llegué al work. Porque no puedo dejar de hacer el puto cálculo en mi cabeza.
O sea, si mis cifras no fallan (lo cual es muy poco probable, claro), el día que me trató de hablar y yo salí corriendo como loca a escribir ¡Todos vuelven! (Parte uno), seguramente su madre ya estaba en el hospital.
“¡Pero qué maricona he sido!”, me decía anoche, una y otra vez. Cierto que esto no excusa las demás hijaeputadas perpetradas por el hombre en cuestión, pero igualmente me siento como culo.
En verdad, nunca he sabido bien cómo es que se siente un culo ni por qué lo asociamos con algún malestar, pero así me siento. Como un culo feo, grande y deformado. Como un culo inservible, confundido y desagradable.
¿Autocastigo? ¡Nah! Que no es pa’ tanto… Healthy conscion (como decía mi amigo J. queriendo decir guilty conscious)? ¡Sí! Mucho fue el cargo de conciencia que sentí. Y cuando me disponía a auto flagelarme toda la noche, recibí una llamada salvadora. De esas que te hacen caer en tiempo y dejar la pendejá esa de culparte por cosas que no puedes controlar.
“Amiga, ¿qué te pasa?”, preguntó mi brujita. “Ay chica, que soy más mala que Caín”, respondí sollozando. Le leí los emails y antes de que los pudiera analizar por vez número 75, me dijo: “No uses esto de excusa para revivir ese sentimiento que sabes que no es saludable ya”.
¡Toma tu propia yuca! Nada como una amiga que te quiera y te zumbe las cosas a calzón quitao. Sobre todo, cuando andamos con la moral un tanto distraída. Y más aun, cuando usamos la capacidad de crear historias, a diario, como método de supervivencia laboral.
Qué sabia es esta mujer. Inmediatamente, supo cómo me sentía y qué pretendía hacer con la información recientemente obtenida en ese email depresivo: 1-800-DIFUNTO.
Entre las dos, concluimos que cada persona debe hacer lo que le dicta el corazón. Aquél día, cuando quizás me trató de contar lo del derrame de su madre, mi corazón me dijo: “A juyir, Crispín, que si le contestas saldrás bien jodía”. Traducción: “Todavía te duele”.
Hoy, mi corazón me dice (mas bien, me grita): “Dile que lo quieres y que siempre podrá contar contigo, sea como sea”. Traducción: “A veces, el dolor ajeno también cuenta”.
¿Pero, y la conciencia? ¿Dónde está cuándo tanto la necesito? Dormida. Porque cuando se ama de verdad, se siente. Y luego, se piensa.
Si lo llamo o no, pues ya veré. Pero por ahora, espero que cuando hablemos, el universo me ponga las palabras correctas en la boca. Que tampoco se trata de complicar más lo ‘incomplicable’.
Ah, y que cuando le vuelva a oír la voz a “El Resucitado” (porque sinceramente, de ‘Difunto’, poco), la taquicardia vaginal y el ego me dejen cerrar la boca y abrir el corazón. Esperando que él sea tan compasivo como mis div@s… Que como dijo Bridget Jones: "This is only a diary".
Porque todas volvemos. ¡TODAS!
Diva Silente ©
“Errar es humano”, dicen. Y echarle la culpa a otro es simplemente divertido, digo. Por eso, hoy, con este cuento, me reivindico. Pido disculpas públicamente por tanta impaciencia. Por no dejar hablar a la gente cuando mi corazón y mi ego están heridos. Porque es más fácil decir: “Es un gran cabrón que me rompió el corazón”, que decir: “Nunca se enamoró de mí”.
Pido perdón por no comprender “la diferencia entre tener paciencia para nada y perder el tiempo”, como dice Neruda. Ahora sí que no entienden nada, lo sé. Bueno, les cuento en detalle qué fue lo que me hizo rectificar y darme cuenta de que a veces (sólo a veces) vale la pena escuchar lo que ese que vuelve, tiene que decir.
Pasa que las mujeres siempre pensamos que el amor se debe dar de la misma manera en que esperamos recibirlo. Qué listas somos, ¿ah? Pues resulta que no es así. Hace poco, hojeaba un librito que me recomendaron, y decía que para poder tener una relación saludable y armoniosa, debemos partir de la premisa de que cada persona quiere ser amada de manera muy distinta.
Lo cual me remonta a un gran episodio de insensatez, en plena juventud. Sucedió a los seis meses de haber dejado a otro de mis novios, vestido y alborotado, y sin razón, ni acuse de recibo. Y por supuesto que el día que me enteré que estaba saliendo con otra, casi me vuelvo loca. ¡Qué cojones! Si yo ya andaba cual soltera por las calles…
No importaba nada. Mi sentido de pertenencia pudo más que la razón y ¡zás! Que me trepé una madrugada por la verja de seis pies (porque en mi arrebato de libertad le había devuelto llaves y beeper del portón), salté como las locas para caer en la grama, donde me aguardaba el cabrón Pitbull que siempre me odió a muerte. Corrí como puta, hasta la ventana de su cuarto y le supliqué que me abriera la puerta. Lo abracé. Él ni preguntó qué hacía allí. Me recibió. Y volvimos.
Fue lindo. Porque no sólo vencí mi pánico a los perros, sino que me enfrenté a mis errores. Acepté que me había largado de la casa sin dejarlo hablar, rompiéndole el corazón sin piedad. O sea, más me valía que hiciera algo sobrehumano para que me creyera arrepentida. ¡Porque sí que lo estaba!
Anyway, volviendo al cuento principal, al del que vuelve y eso, ahora entiendo que todo mi coraje con “El Difunto” venía desde un espacio muy personal; desde una fibra muy íntima que ese hombre tocó. Prefiero pensar que sin darse cuenta. O sea, que me descabronó y me dejó como zapatito roto tirado en una esquina y ni se enteró.
Porque nada jode más que te dejen y te abran heridas que ya jurabas que estaban cerradas para siempre. Y he aquí la gran lección:
Ayer, mientras trabajaba cual hormiga, recibí un email que cambió mi manera de pensar radicalmente. Resulta que como llevaba días soñando con “El Difunto” e incluso un día me eché a llorar de la nada en plena Octava avenida cuando me vino a la mente su imagen, decidí mandarle yo un email de cortesía (y mucho presentamiento, claro). Por supuesto que esta creatividad que Dios me dio me ayudó a escribir un mensajito sutilmente entrometido.
Porque la manipulación es un talento femenino… Así quedó la cosa:
From: Diva Silente <diva@memuerodelacuriosidad.com>
Date: Tue, 19 Aug 2009 06:19:22-0400
To: El Difunto <soystalker@infelices.com>
Subject: Hey!
Hola:
Te cuento. Me estoy mudando y me he topado con lo que se suponía que sería tu regalo de cumpleaños (el cual por razones obvias nunca envié). La primera vez que lo vi, pensé: “Coño, tan cool que estaba...” La segunda, me dije: “¡Bueno, pero cuán torpe puedo ser pa’ chocarme por segunda vez con esto, joder!”. La tercera (hoy), vociferé ostinada: “O sea, ¿será que toca saber cómo está el chico?
Pos eso. Nunca me ha gustado ir en contra de mis deseos. Y como el dichoso regalito no regalado me dio curiosidad, acá paso a saludarte, esperando que estés muy bien.
Cuídate mucho, ¿sí?
Menos mal que contestó raudo y veloz (¡pero sin acentos!) con un:
From: El Difunto <yanosoytanstalker@infelices.com>
Date: Tue, 19 Aug 2009 20:43:16-0500
To: Diva Silente <diva@soytremendacabrona.com>
Subject: Re: Hey!
hey que tal! bueno pero que era al final el regalo?
yo estoy bien... dentro de lo que cabe. me he pasado el ultimo mes y medio ayudando a cuidar a mi mama porque le volvio a dar un derrame cerebral y ha estado muy malita. todavia no se ha recuperado del todo pero esta en ello.. ahora estoy de nuevo con el toston de mi trabajo.
y tu que tal? me alegro de que saludes. un beso. cuidate.
Creo que no me había sentido tan culpable desde el día en que le dije a mi mamá que me estaba quedando en casa de Mari y no de Yari, que era su culpa haberse desvelado por no prestarme atención cuando le hablo. La pobre llevaba toda la noche buscándome y yo, en casa de mi noviecito lindo.
En fin, que este mensaje me hizo pensar tanto y tanto, que hoy me tuve que sentar a escribir nomás llegué al work. Porque no puedo dejar de hacer el puto cálculo en mi cabeza.
O sea, si mis cifras no fallan (lo cual es muy poco probable, claro), el día que me trató de hablar y yo salí corriendo como loca a escribir ¡Todos vuelven! (Parte uno), seguramente su madre ya estaba en el hospital.
“¡Pero qué maricona he sido!”, me decía anoche, una y otra vez. Cierto que esto no excusa las demás hijaeputadas perpetradas por el hombre en cuestión, pero igualmente me siento como culo.
En verdad, nunca he sabido bien cómo es que se siente un culo ni por qué lo asociamos con algún malestar, pero así me siento. Como un culo feo, grande y deformado. Como un culo inservible, confundido y desagradable.
¿Autocastigo? ¡Nah! Que no es pa’ tanto… Healthy conscion (como decía mi amigo J. queriendo decir guilty conscious)? ¡Sí! Mucho fue el cargo de conciencia que sentí. Y cuando me disponía a auto flagelarme toda la noche, recibí una llamada salvadora. De esas que te hacen caer en tiempo y dejar la pendejá esa de culparte por cosas que no puedes controlar.
“Amiga, ¿qué te pasa?”, preguntó mi brujita. “Ay chica, que soy más mala que Caín”, respondí sollozando. Le leí los emails y antes de que los pudiera analizar por vez número 75, me dijo: “No uses esto de excusa para revivir ese sentimiento que sabes que no es saludable ya”.
¡Toma tu propia yuca! Nada como una amiga que te quiera y te zumbe las cosas a calzón quitao. Sobre todo, cuando andamos con la moral un tanto distraída. Y más aun, cuando usamos la capacidad de crear historias, a diario, como método de supervivencia laboral.
Qué sabia es esta mujer. Inmediatamente, supo cómo me sentía y qué pretendía hacer con la información recientemente obtenida en ese email depresivo: 1-800-DIFUNTO.
Entre las dos, concluimos que cada persona debe hacer lo que le dicta el corazón. Aquél día, cuando quizás me trató de contar lo del derrame de su madre, mi corazón me dijo: “A juyir, Crispín, que si le contestas saldrás bien jodía”. Traducción: “Todavía te duele”.
Hoy, mi corazón me dice (mas bien, me grita): “Dile que lo quieres y que siempre podrá contar contigo, sea como sea”. Traducción: “A veces, el dolor ajeno también cuenta”.
¿Pero, y la conciencia? ¿Dónde está cuándo tanto la necesito? Dormida. Porque cuando se ama de verdad, se siente. Y luego, se piensa.
Si lo llamo o no, pues ya veré. Pero por ahora, espero que cuando hablemos, el universo me ponga las palabras correctas en la boca. Que tampoco se trata de complicar más lo ‘incomplicable’.
Ah, y que cuando le vuelva a oír la voz a “El Resucitado” (porque sinceramente, de ‘Difunto’, poco), la taquicardia vaginal y el ego me dejen cerrar la boca y abrir el corazón. Esperando que él sea tan compasivo como mis div@s… Que como dijo Bridget Jones: "This is only a diary".
Porque todas volvemos. ¡TODAS!
Diva Silente ©