1 de diciembre de 2009
Es una gran mujer. Supongo que estará ya picando pa’ los 90 años. Su inconfundible pelo blanco (en sus buenos tiempos bastante abundante y siempre parado gracias al teasing que tantos novios le consiguió); una linda tiara que ganó en las fiestas patronales de Maunabo, donde fue la reina del pueblo. Aunque ya no ve ni mierda, deja mucho de qué hablar dondequiera que va.
Le decimos Guille de cariño. Y cómo no, si es precisamente gracias a este peculiar personaje familiar que he podido llegar hasta la India, irme de weekend con los noviecitos mientras mami pensaba que estaba de retiro espiritual del colegio, tener más de un novio a la vez (técnicamente, claro) y tirarme de un Bunjee en Marruecos. Todo sin consecuencias mayores.Pero no todo es color de rosa. Porque Guillermina sólo aparece cuando le da la gana. Al principio, me cabreaba muchísimo que no viniera de inmediato cuando más la necesitaba, pero fue mi brillante padre quien me hizo comprender que Guille trabaja largas horas y tiene clientes en todo el mundo.
“¿Dónde vive esta mujer?”, pregunté cuando apenas tenía como 10 añitos. “En todas partes. Guillermina Soler es una mujer de mundo”, respondió mi papá. “Acaso es prima de Pancrasio?”, añadí. “No metas al pobre Pancrasio en esto. Y deja la preguntaera que si te digo más, Guille deja de ser Guille”, puntualizó don Lucas seguido por un ‘coño, deberías trabajar pa’l FBI’.
Pero, ¿cómo no asociar a Pancrasio con Guillermina? Si ambos tienen tanto en común... A ver, no tienen nombres más feos porque no nacieron dos días antes; sólo tengo acceso a ellos a través de mi papá; siempre aparecen cuando las cosas están calientes en casa (y papi se veía forzado a dormir en casa del perro. Claro que como nunca tuvimos perro, el divorcio no se hizo esperar).
No importa. Sea como sea, viva donde viva, Guille es mi ídola. Es una grande, como dicen los boludos. Incluso me ha ayudado mucho a ahorrar dinero en viajes y lujos. Y no saben lo bien que lo pasamos juntas. Lástima que siempre llegue tarde a la fiesta. Mejor dicho, una vez concluída la fiesta. Porque de eso se trata esta estrecha amistad.
Tal es mi admiración hacia esta humilde mujer, que me atrevería a decir que quién no haya usado a Guillermina Soler de coartada, al menos una vez en la vida, sencillamente no merece vivir.
Por supesto que para este punto, la curiosidad ya cremó, regó las cenizas y rezó la novena del gato. Y por eso, les quiero contar cómo pueden llegar a gozar de los beneficiosos de esta gran amistad. Y lo que es mejor aún, dónde pueden encontrar a Guillermina.
Pues en la cabeza de mi padre. Porque el muy atorranto se ha inventado esta serie de personajes para salirse con la suya. Y yo, ni corta ni perezosa, sigo sus sabios consejos.
A ver, me explico. Cuando éramos pequeñas, mis dos hermanas y yo jodíamos más que una piña debajo del brazo. Mi padre, un hombre inteligente y evidentemente, creativo, decidió inventarse un personaje que le permitiera calmar nuestras rabietas de inmediato (sobretodo cuando la correa no estaba al alcance de la mano).
Así nació Pancrasio.
El muy anormal, se fruncía todo, cual Troll, ponía voz de viejo veterano (que se ha fumado infinitas cajetillas de Ducados), se paraba un poco su afro pelirrojo y rompía a hablar con las tres terroristas en cuestión.
Las tertulias eran interminables. Qué bien nos lo pasábamos. Pancrasio era nuestro hermano mayor. Nos daba tremendos sermones de cómo portarnos en la iglesia; de cómo comer vegetales te hace más fuerte como a Popeye; de cuán importante es bañarse todos los días (sin que te lo digan como el nene de Fig Newton); de la importancia de no llorar cuando te prohíben ver Los Kakucómicos los domingos por la noche; etc.
En fin, que si Pancrasio aún viviera, sería algo así como un Life Coach para niñas jodonas con tendencias terroristas y obsesión por las castañuelas. Ah, porque fue Pancrasio quien decidió que tener tres hijas tocando castañuelas, a la misma vez, en el auto, en pleno tapón, no estaba tan cool.
(O al menos es fue lo que nos hizo creer mami el día que se alineó en el paseo de la Martínez Nadal, bajó el vidrio y nos botó las castañuelas pa’l carajo, minutos antes del recital de flamenco.)
Muchos fueron los momentos compartidos con Pancrasio. Tanto llegamos a respetarlo, que si papi nos mandaba a hacer algo, no pasaban dos minutos antes de que le dijéramos: “¿Y qué opina Pancrasio al respecto?”
And… Be careful what you wish for! Una vez más, el universo que se ríe de nuestros planes. Porque papi creó un monstruo para calmar a las tres locas pelúas que tenía en la casa y resultó que lo que hizo fue crear tres monstritos más. Porque fue entonces que aprendimos a que todo lo que dice Papi puede ser usado en su contra.
Y así nació Guillermina Soler.
Del deseo (¡y la necesidad!) de mi padre de esconder sus fechorías de sus próximas parejas. O lo que es igual, de guillarse* de Pancho. Que ahora que lo pienso, no me extrañaría que el padre de Guillermina Soler se llamara Pancho Soler.
Desde entonces, cada vez que a mi papi le da con tirarse una canita al aire, o de desaparecer por tres días diciendo que está en Mayagüez cuando en realidad está en Cuba, simplemente marcamos: 1-800-GUILLERMINA.
Demás está decirles que mi padre tiene el pelo completamente blanco. Y que si cobraran a 99 chavos la llamada, estaría en bancarrota. O sea, que se guilla cada vez que le da la gana. Y le da la gana, más o menos cada dos días.
¿Cómo funciona? Básicamente, Guillermina entra en acción al comienzo de cada oración, justo antes de alguna confesión, claro está. Algo así como: “Hey, Guillermina Soler. Si te preguntan dónde estoy, dices que estoy durmiendo desde las 8. Que me dolía la cabeza y me tomé dos PM, ok?”. ¿Traducción? “Estoy con los panas (que en total sumarían algo así como 759.3 años, conste) al otro lado de la isla, en el Quinto Aniversario de la Fiesta Nacional del Pitorro, o algo así.
En casos de extrema necesidad, Guillermina Soler se nombrará al principio y al final del statement. Algo así como: “Guillermina Soler que ando por Cuba y dije que estaba en Santo Domingo, Guillermina Soler”. Es una especie de 'cambio y fuera'.¿Qué cuántos años tiene mi padre? Digamos que 60 pa’ 17. ¡Joder! Y luego preguntan de dónde salen mis ganas de joder y el alto nivel de tolerancia a la fiesta. Está claro que yo lo he heredado. ¡Que no he robado nada, lo juro!
“Ojo, que mi silencio cuesta bien caro”, respondí hace seis días, cuando Guille hizo su más reciente aparición. “Pero no hay problema, papito lindo. I got you covered!” , añadí.
Hoy, estoy feliz. Y no paro de repetirme: "Oh, chantaje, divino tesoro". Porque podré pasar las Navidades en Puerto Rico. En familia. Y de gratis. Shhhh... ¡Guillermina Soler! ;)
*Guille; adj.- (1) Del verbo guillarse. (2) Dícese de la habilidad de un boricua de escabullirse y hacer cricales a todo lo que da. (3) Persona que gusta alardear de lo que posee o cree poseer. (4) Entiéndase la excusa perfecta para un hijoeputa.
By Diva Silente ©