27 de enero de 2010
Sea la madre del que programó el puñetero iPod con las emociones. O, ¿me van a negar que cada vez que están tristes, melancólicos, encabronaos, belicosos, el bendito aparatito toca esa canción (¡ESA canción!) que nos recuerda lo sucedido (o no sucedido)?
Les juro que no miento. Que no es casualidad, coño.
Recién llegaba yo de unas lindas vacaciones por Portugal y el sur de España con mi novio oficial de entonces. Y digo oficial, para que no lo vayan a confundir con el extraoficial. El primero era boricua, el segundo, gringo. Así que tampoco es que soy tan boluda, ¿eh? Que de Juan a Chris hay bastante…
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22 de enero de 2010
Escuchar historias sin juzgar (ni poner cara de “what the fuck”) no es tarea fácil. Puede que esto suene un poco arrogante, pero es que no cabe duda de que algunas personas simplemente nacieron cagados por naturaleza y jodidos por defecto. Que les pasa de todo. De todo lo IN-COM-PREN-SI-BLE.
Con los años he aprendido que no importa quién sea el protagonista o el narrador, si la historia manda cojones, manda cojones y punto. Por más que uno tenga sentimientos lindos hacia esa persona que ése día sintió la necesidad de contarte cómo amaneció orinada por otro ser humano con quien compartía su cama aquella noche loca (sin explicación alguna), el deseo de decirle “¡¿pero y por qué a mí!?, es inevitable.
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