27 de septiembre
de 2010
Los hay
de muchos tipos. Están los que te llegan como predestinados, los que asumes
como experiencias de la vida (aunque no estés de acuerdo con el resultado), los
que ni te enteras por qué suceden, y mis favoritos… ¡los inesperados!
Hace
apenas dos meses, recibí la visita de una de las personas que hizo mis días en
Madrid únicos. Mi gran amigo (y peluquero personal), Miguel. A Migue, como le
digo de cariño, hacía par de meses que no le veía. Pero en nuestro más reciente
encuentro, quedamos en que para cambiar el apestamiento en el que vivía debido
a un “mid-life crisis” prematuro, término que jamás pude traducir al español de
manera adecuada, tendría que venir a NY.
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