19 de julio de 2011
No es lo mismo llamar al demonio que verlo venir. De eso no cabe duda. Sobre todo cuando le has dado la vuelta al mundo, inocentemente, buscando a un puñetero hombre que al menos te invite a desayunar la mañana siguiente.
Pero supongo que a todos nos llega el bendito curita del pueblo tarde o temprano. Ese hombre que te mueve el piso y ni cuenta te das... A propósito, aprovecho para aclarar que este dicho me parece bastante ilógico y hasta macabro. ¿A quién carajo se le ocurrió comparar el acto de conseguir al hombre con quien fornicarás per secula seculorum, con el curita del pueblo? ¿Pero no que los curas no follan?, me pregunto…
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