19 de julio de 2011
No es lo mismo llamar al demonio que verlo venir. De eso no cabe duda. Sobre todo cuando le has dado la vuelta al mundo, inocentemente, buscando a un puñetero hombre que al menos te invite a desayunar la mañana siguiente.
Pero supongo que a todos nos llega el bendito curita del pueblo tarde o temprano. Ese hombre que te mueve el piso y ni cuenta te das... A propósito, aprovecho para aclarar que este dicho me parece bastante ilógico y hasta macabro. ¿A quién carajo se le ocurrió comparar el acto de conseguir al hombre con quien fornicarás per secula seculorum, con el curita del pueblo? ¿Pero no que los curas no follan?, me pregunto…
Lindo pensamiento de que me cuiden y me curen de mis males… Lindo si no entramos en detalles, claro. Porque lo más jodido de encontrar novio después de mucho tiempo es confrontar los miedos y enfrentar los fantasmas. Pero como yo no soy gato, poco me importa si la curiosidad me amenaza de muerte o no.
En qué estábamos… Joder, ¡me he liao! Ah, eso, que conocí a un chico lindo de esos que me gustan a mí. O sea, de esos que además de ser inteligentes, adinerados, profesionales, listos, chistosos, europeo, con chispa, sexy, con base sólida y extremidades largas, altos, sinceros, leales, educados, finos, respetuosos, buenos hijos, compasivos y dulces, también tienen que ser lindos.
Y todo comenzó… ¡Bailando!
¿A pero será que éste encima también le añade requisitos a mi listita? Pues sí. Por eso, de ahora en adelante, me referiré a él como “El Holograma Belga (E.H.B.)”. Sobre todo por aquello de proteger identidades y eso… And to keep it real.
Después de todo, no me he ganado el título de “Directora Ejecutiva de La liga de las naciones” por nada, ¿eh? Porque, pese a lo que muchos más conservadores puedan creer, estoy convencida de que cuando te abres (en ocasiones, literalmente) a otras culturas, tu mundo se hace más grande y mucho más divertido.
¿De dónde salió E.H.B.? ¿Cómo lo divisé? Pues a decir verdad, ni idea. Pero como no soy ninguna boluda, esa noche había decidido irme a bailotear sola con las chicas. Una decisión meramente basada en esta inquietud de espíritu que dios me dio.
Resulta que hacía apenas cuatro meses que me había abierto al amor nuevamente. Y como todo lo que hago en la vida tiene que tener folclor y ya estaba en apertura mode, decidí abrirme un profile en okcupid.com.
¿Qué me convenció? Primero, admito que el nombre. Es que como buena escritora (aka bullshitter) que soy, ya podía imaginarme cómo reaccionaría la gente cuando les dijera de dónde había sacado a la más reciente víctima. Algo así como: “Nena, pues de okcupid.com, hello! ¿De dónde más iba a ser?”
Segundo, mi amiga Martita, usuaria asidua de este sistemita, como prefiere llamarle mi amigo Osvaldo al online dating, supongo que por aquello de que no sea tan obvio que quiere novio…
Martita llevaba ya unos meses en el site y, aunque tenía unas cuantas historias de terror, me recomendó meterme a modo de experimento y para cagarnos de risa juntas husmeando en los profiles ajenos.
Así conocí a Matt. A quien llamaré cariñosamente, “El Enano Siniestro”, por aquello de no herir susceptibilidades. A pesar de que no era mi tipo PARA NADA, E.E.S., por sus siglas, tenía un je ne sais quoi.
Ah pero debo aclarar que mi primer date online NO fue con Matt. Casi lo olvidaba, ¡joder! El primer ser humano que me contactó y me invitó a tomar una cerveza era un actor de 42 años que trabajaba como mesero en fiestas de millonarios neoyorquinos, bebía cerveza con cojones y no tenía pasaporte.
¡La puta madre que me recontramil parió! ¡¿Pero qué parte de “quiero un hombre con mundo”, el bendito universo no entiendeeeeeee!? En adelante, me referiré a este individuo como “El Mayordomo Sin Pasaporte” (E.M.S.P.).
Demás está decir que este duró menos que peo en mano. No puedo creer que el Departamento del Estado de EE.UU. no le haya explicado a este hombre que el pasaporte no es un álbum de estampitas!!! Que es un documento oficial que todo ciudadano con dos dedos de frente y $100 puede tener.
Al día siguiente, llamé a mi amiga la brujita y le dije: “Oye, be careful what you wish for, no kidding! I asked the Universe for a man who’d live near me, and it sends me a fucking man with no passport so he can’t go anywhere?!” Ella se moría de la risa… ¿Yo?
Me quería matar.
No así, el primer date con Matt fue bastante interesante. Aunque confieso que cuando lo vi caminar hacia mí, pensé: “Qué mono. Pero, ¿y dónde está el resto de ti? ¿Ya? ¿Te acabaste?”
Durante casi tres meses, mis tacos no vieron la luz del día. Parte de mi compromiso fue dejar a un lado los modelos perfectos y las fórmulas infalibles y abrirme verdaderamente a la posibilidad de conocer a alguien que me sacase de mi comfort zone.
¡Y lo logré!
Matt tenía la habilidad de sacarme por el techo en cuestión de segundos, con sus argumentos pendejos de cómo todos somos filósofos nos guste o no. Además, no contento con mi incomodidad, ya estaba yo empezando a desarrollar una enorme joroba de estar mirando pa’bajo todo el tiempo. Que el jorobado de Notre Dame era un pendejo al lado mío…
Tan es así, que una tarde, mientras caminábamos tranquilamente por las calles de un vecindario en Brooklyn (en el cual nada se me había perdido a mí hasta entonces), nos detuvimos en una esquina a esperar el paso, y todo cambió. Yo que ya hasta me hacía a la idea de que el dolor de cuello era mental nomás… ¡Y zás! Que al hijo de la gran puta se le ocurre pararse en la calle mientras yo estaba encima de la acera. Nunca me había sentido tan sola en mi vida. Se me perdió el cabrón. Les juro que lo perdí de vista por completo…
Obvio que tras tan fatídico incidente, la dejada era inminente… Días más tarde le diría que no éramos el mejor match que podemos conseguir. “Vaya putada”, pensó en inglés.
Claramente, no funcionó. Pero de mi comfort zone sí que me sacó. Y por eso, como dice mi gran amiga que es periodista antes que mujer, le estaré ETERNAMENTE agradecida a E.E.S.
Entonces, volviendo a la noche de bailoteo absoluto con las chicas, resulta que como la comida del pobre llega toda junta, pues conocí a E.H.B. Estábamos en un concierto de salsa gratis en Brooklyn, bajo una carpa con más o menos 500 almas guayando hebilla sin cesar. Se me acercó y me dijo: “Do you wanna dance with me?” Y yo, con este cinismo que dios me dio, pensé: “Sure, I’ll give you five minutes, gringo”.
“¡Me cago hasta en la isla!”, me dije para adentro. Es que este blanquito resultó ser tremendo bailarín profesional de salsa. Es más, hasta se tiró el brinquito de Gilbertito par de veces y me dejó descalza de tanta vuelta porque mi zapatito verde salió volando como 20 veces. Yo, que no salía de mi asombro, rompí a preguntar: “What are you? A hologram?” “Soy Johnny, ¿tú cómo te llamas?”
“¡Me recontra cago en el archipiélago y todas las Antillas Menores!”, me repetía para adentro sin cesar. Un belga (europeo), que habla español (con mundo), baila salsa (divertido), es alto y vive a una cuadra de Matt (donde las aceras cuestan relaciones a los enanos siniestros)…
Johnny y yo llevamos un par de meses saliendo.
Matt (AKA El Enano Siniestro) se fue pa’l carajo con carácter de urgencia (aunque confieso que me tomó unos diitas porque como más vale pájaro en mano que cientos volando…).
Albert (El Hippie Cool, E.H.C.) también cayó en la página de Cheo (BTW, será Cheo as in Cheo Feliciano? Pero cómo no se me ocurrió antes!!!) sin querer. A este lo conocí en el sistemita, mientras la comida era repartida entre los pobres, justo antes de que se juntaran el hambre con la necesidad. O sea, entre Johnny y Matt.
Pos sí. Salí con tres hombres a la misma vez. Dos filósofos y un paracaidista/empresario. Pero sólo uno llegó sin esperarlo. Y creo que eso fue lo que hizo la diferencia. Además de sus maravillosas piernas, de sus ojitos lindos, de su sonrisa coqueta y sus nalgas cubanas (no ofense, cubiches!).
¿Qué tiene Johnny que no tienen los demás?
Sencillo: es inteligente, profesional, listo, chistoso, con chispa, sexy, con base sólida y extremidades largas, alto, sincero, leales, educados, finos, respetuosos, buen hijo, compasivo, dulce y también lindo. Ah, y como si fuera poco, folla en español. Lo cual me ha obligado a revertir mi crossover sexual. O sea, que he venido a aprender el dirty talk en español, a mis 32 años, con un belga. ¡Habrase visto cosa igual!
Si durará o no, no lo sé. Si es el que es, tampoco lo sé. Si hice la elección correcta, menos. Pero está cool. Ahora todo tiene más sentido… incluso entiendo por qué la vida me llevó a caminar por aceras traicioneras en aquel barrio de Brooklyn. Los miedos siguen latentes, pero al menos no me da miedo decirlo...
Y mientras la vida me va dando las demás respuestas, yo me sigo cagando en la madre de Platón, Aristóteles y Sócrates, del Departamento del Estado de EE.UU., en las Antillas, en la Real Academia y en el demonio. Porque aunque admito públicamente que no había estado tan feliz en años, aún no puedo evitar que cada vez que Johnny me mira y me dice: “Te siento bien cerquita”, además de salir corriendo, me dan ganas de gritarme para adentro: “¡TOMA TU PROPIA YUCA!”.
¿El cool factor? A Johnny le encanta la yuca ;) ¡Que no es lo mismo que sweet potato ni jodiendo!
Diva Silente ©